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miércoles, 3 de mayo de 2017

El cambio de nuestra vida

Pasan los años y creces.
Te vas dando cuenta que lo importante no es quedar con las amigas para hacerte 200 fotografías y subirlas al Facebook / Instagram o cualquier otra basura social.
Quedas para contarle cómo es tu nuevo trabajo, los días libres que tienes para salir y para planear esa estupenda escapada que tenéis pendiente hace meses. Esos cafés que se convierten en copas de vino.
Las noches de fiesta con ellas han quedado reducidas a noches de cine, a maratón de películas en casa o simplemente a descansar de la dura semana de trabajo.
Te das cuenta que tu círculo social cada vez es más reducido y que lo de "conocer gente nueva" no se encuentra en tu diccionario. Quieres a los de siempre a tu lado.
Piensas y ves como han pasado los años. Hojeas el álbum de fotografías y analizas los cambios. Esa amiga que se casa, dos que ya tienen bebé y familia. Esa otra que se fue al extranjero a trabajar. O aquella que se marchó con el novio a  conocer América.

Pasan los meses. Aprendes a levantarte por tí misma, a buscar las razones por las que hoy, será un gran día. Para ti. Para tu mundo.
Te despiertas con el ánimo por los suelos pero al cabo de los años has madurado, has sabido sobrellevar el dolor y los desengaños, y hoy, un miércoles más, eres más valiente que cualquier otro Mayo.

Arrancas tu coche y vas a trabajar, como siempre. No, como siempre no. Hoy, es un día único, al igual que mañana. Cada amanecer tiene ese halo de luminosidad para que pueda convertirse en el mejor día de tu vida. ¿Por qué no puede ser hoy?

Con el paso de los años, aprendes a vivir con las mentiras.
Perdón, con las verdades recubiertas de fantasías.
Aprendes a darle importancia a los verdaderos momentos. Esa llamada para empezar a trabajar después de 6 meses en el paro; la película en cartelera que llevabas esperando un año o ese libro que deseabas que se pusiera a la venta, para comerte con los ojos una a una sus páginas, sus letras.

Abrirte. Abrirte sin temor. Dejar el corazón abierto. Que sufra. Que le hagan daño pero también que le hagan feliz.
Arriesgamos sin pensar en las consecuencias, pero a veces la maquinita que bombardea puede más que nuestra cabeza. ¡Maldito corazón!
¿Cuántas veces nos decimos que no volveremos a hacerlo? Pobres humanos. Siempre estamos errando pero aún así seguimos nuestra vereda, solos o acompañados.

Llega tu cumpleaños, demasiados has celebrado ya, piensas mientras suena el despertador.
Miras la basura social, 34 mensajes de personas con las que no has hablado cara a cara. Mira que falsedad, si ni me conocen y me escriben como si hubiera vivido con ellos media eternidad.
El móvil no suena, ni un mensaje a lo largo de la mañana.
¿Quién se acordará de que hoy hace 24 años ví por primera vez la luz del día?
¿Quién no le hace falta una basura social para acordarse de decirme "Felicidades"?
24 horas pasaron y sólo los de toda la vida fueron los valientes de venir a verme, de disfrutar de una noche entre copas de vino, risas y recuerdos. Recuerdos de la infancia. Imaginamos cómo seremos dentro de 10 años. Balbuceamos, reimos y lo único que tendremos claro es que dentro de 10 años estaremos en otro bar, los mismos, o quizás alguno más con un biberón.

Guerreros. Hoy y siempre lucharemos por nosotros mismos, no por nadie.

Aprender. Aprendernos.

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